domingo, 26 de julio de 2015

Gracias pero no quiero ser tu media naranja



Un buen día conoces a alguien “especial” y de repente comienzas a identificar todas aquellas cualidades que se corresponden con tu media naranja. Ves que esa persona se complementa perfectamente contigo y buscas por todos los medios que encaje con quien tú demandabas, con ese molde idealizado de tu pareja perfecta.


De repente has dejado de ser una media naranja para por fin convertirte en una naranja completa. Esa persona parece que tan sólo tiene virtudes que se corresponden a tus expectativas. Te dejas maravillar por esas luces de colores y tan sólo quieres ver una mentira hecha realidad. Te enamoras de parcelas de una ilusión para ver aquello que te gusta, obviando todo lo que no se corresponde con tu patrón idealizado de pareja.

Va pasando el tiempo y aquellas características que poco a poco te vas dando permiso para descubrir en tu complemento perfecto y que lo hacen más real, resulta que ya no corresponden al cien por cien con la horma de tu zapato, de ahí que tu prototipo tenga que pasar por un proceso de restauración para adaptarse a tu propia voluntad.

Es entonces cuando empiezan las mentiras y los reproches, mentiras al creer que tu pareja poco a poco se irá adaptando a tu idílico modelo del mundo y para ello comenzarás a exigirle cambios en pro de un supuesto “amor”. Le propondrás que cambie por amor, cuando en realidad no es más que una petición egoísta donde no quieres aceptar la realidad de lo que es.

En esos momentos comienzan los reproches y las quejas porque tu príncipe o princesa azul han comenzado a desteñir, ya no es ese ser idílico que en otro momento quisiste ver. Te inventas un personaje acorde a tu espectáculo y buscas, mediante todas las artimañas que se te ocurren, que sea ese ser idealizado de quien un día dices que te enamoraste. Ya no importa si es real o no, ya no importa si ese ser existe tan sólo en tu imaginación, ahora lo importante es que se ajuste al patrón que exiges para ese sentimiento idealizado.

Y te quejas diciendo que ya no es quien era, cuando en realidad ese individuo  siempre fue así pero preferías mirar a otro lado para no ver lo que ahora tanto te molesta.

Te sorprendes diciendo a quienes te rodean, que si en realidad te quisiera seguro que cambiaría porque sabe lo importante que es para ti que se comporte de tal o cual manera. Y continúas mintiéndote y esperas que tu fantasía sea realidad, aunque para ello tengas que inventar a alguien que jamás existió.

En pro de un supuesto “amor” te engañas y o bien quieres variar a ese alguien para que sea el personajillo que has inventado o te esfuerzas en anular quien realmente eres sólo por agradar y por no perder una relación que no es más que una estúpida y dolorosa quimera.

Estés en un lado o en el otro de la historia, ya sea exigiendo el cambio de alguien o forzándote por adaptarte al hombre o mujer que la otra persona dice querer, estás viviendo la misma tortura que causa el engaño. Has caído prisionero del miedo y entonces es imposible que el amor y la felicidad reinen en esa relación, porque donde hay miedo es imposible que anide el amor.

Llegado ese momento tan sólo hay una opción posible: abrir los ojos y ver lo que hay, sin expectativas, sin lamentos y sin el pánico por la posible pérdida de una quimera. Ahora la única alternativa posible es el afecto que nace de una relación consciente basada en la aceptación y la responsabilidad, que nace de la realidad del aquí y ahora, de lo que realmente existe y no de las fantasías.

Y te preguntarás ¿Cómo hago para crear una relación consciente?

1. Lo primero para iniciar el camino de una relación consciente es tan simple como comenzar a practicar la aceptación en tu vida. Recuerda que aceptar es ver lo que hay sin mentirte, sin quejarte, simplemente asumiendo la responsabilidad de tu presente, sin querer cambiarte para que otros puedan valorarte y sin cambiar a la otra persona porque aunque no lo creas, no eres quien para decirle a alguien como tiene que ser.

2. Aprende a amar sin considerarte un ser con carencias o que necesita a alguien para sentirse completo. Ya tienes todo lo que necesitas para ser feliz y sólo al descubrirte como alguien completo podrás compartir sin exigencias y sin miedos a no ser lo que otros esperan de ti.

3. No busques fuera de ti, aprende a sembrar en tu interior primero. Si vas tras alguien para que cubra tus carencias, te haces dependiente y harás todo lo posible para alterar tu propia personalidad, aprenderás a no ser más que una moneda de cambio que se canjea por una simple muestra de cariño, dejarás de ser tú con la simple intención de agradar a quien te acompañe en ese momento.


4. Ama desde la libertad y desde el respeto, aprende que no eres quien para cambiar a nadie, que tu modo de ver el mundo no es más que eso, tu modo de ver el mundo. Date cuenta que tu visión de la vida es tan sólo tuya y que cada ser tiene una trayectoria diferente que le construye, por tanto pretender que alguien sea como tú quieres es una absurda estupidez.

5. Y por último, mírate y descubre todo lo que ya reside en ti, no busques sólo tus fallos y carencias, porque desde esa visión de mendicidad poco puedes aportar en una relación. Mira a quien te acompañe y recuerda que una pareja la formáis tres: tú, la otra persona y la pareja que formáis, y cada figura de ese precioso puzle tiene un valor incalculable que por nada del mundo tiene que anularse.



Yolanda Morales Pereira

Antropóloga social y cultural. Formadora en recursos personales, motivación y gestión del talento a través del Coaching, del Mindfulness y la Biodanza. Creadora de Bioexpresión®
 
yolandamoralespereira@hotmail.com