domingo, 2 de agosto de 2015

4 pasos para retormar tu propio rumbo



Un buen día dos personas se juntan y llevan en sus mochilas el desasosiego del miedo a la soledad. Dos personas que presas de sus fantasmas se agarran una a otra como si de un salvavidas se tratara en un océano inmenso y repleto de incertidumbres. Dos personas que deciden acompañarse desde el vacío de sus corazones inertes que ansían de cualquier manera unirse sin abandonar su sentimiento de soledad y que por tanto, corren el peligro de agarrarse tan fuerte que lleguen incluso a asfixiarse. 

 

En muchas ocasiones iniciamos una relación desde la más angustiosa dependencia, porque no sabemos estar solos, porque la soledad se percibe como un agujero negro que nos atrapa y que nos impide reconocer nuestra propia libertad. 


Nos olvidamos respirar por amor y nos creemos ser felices aunque nos encerremos en una jaula y olvidemos que tenemos alas para volar. Por “amor” pretendemos disfrutar de una libertad que vemos tras los barrotes de una cárcel idealizada en la que queremos creer que es posible vivir esa falsa sensación de libertad.


Y nos vamos convirtiendo en otro ser hasta llegar a olvidar quiénes éramos en realidad. Ya no recordamos cuales eran nuestros gustos porque en esa intención de crear un amor tan inconsciente, vamos borrando nuestra propia imagen para ser alguien que ya ni siquiera reconocemos. Nos encontramos cada vez más presos de nuestra propia cárcel, nos mentimos diciéndonos que el amor es así, que el amor requiere sacrificio y que cuando se ama de verdad lo que importa es darlo todo por el propietario o propietaria de la que se convirtió en nuestra cárcel. 


Y dejamos la vida en manos de alguien que tan sólo quería una mano compañera y no una mano que llevara la responsabilidad de la prisión de un corazón falsamente enamorado. 


Dos personas que se han olvidado de sí mismas y han caído presas de una dependencia atroz. Donde el amor ya no es amor, sino que tan sólo es ansiedad y angustia. Dos personas con pánico a una soledad que tienen clavada en sus corazones, que aunque quieran respirar, resulta que no pueden hacerlo porque no saben ni siquiera que poseen la capacidad de tomar aire. 


Llegados a ese punto es necesario que tomemos una hoja de ruta para navegar y de esta manera, poder llegar a buen puerto. Pero ¿cómo lo hacemos?


1. Encerrados en este laberinto de locura e inconsciencia, el único camino es pararse para ver donde estamos en realidad, dejar de engañarnos y reconocer que ya no somos los dueños de nuestras vidas y que la hemos dejado en manos de alguien que ni siquiera es capaz de dirigir la suya propia. 


2. Una vez que encontremos donde estamos, es necesario tomar un punto de referencia, alguien o algo que nos ayude, que se convierta en ese faro que nos ilumine en esa noche oscura de nuestras vidas en que nos hemos perdido. 


3. Cuando descubramos esa luz, es preciso trazar la trayectoria hacia la cual ha de navegar nuestro velero y llevar siempre el timón con firmeza. Pase lo que pase, hay que tener siempre muy claro que vamos por buen rumbo camino hacia nuestra propia libertad. 


4. Al llegar a  nuestro destino, es inevitable recordar de dónde venimos, reconocer el sendero que hemos recorrido para evitar volver a perdernos y sobre todo, para que jamás sea el miedo a la soledad quien nos una a alguien y que nos conduzca a estar completamente perdidos. 


La clave siempre está en tener presente que sólo dos personas libres que saben disfrutar de su propia soledad, podrán acompañarse y crear una relación consciente, sin miedo a anularse ni a hacerse daño. Sólo así será posible construir una pareja desde el amor verdadero y no desde ese falso amor que asfixia y apenas deja vivir. 


 Yolanda Morales Pereira

Antropóloga social y cultural. Formadora en recursos personales, motivación y gestión del talento a través del Coaching, del Mindfulness y la Biodanza. Creadora de Bioexpresión®
 
yolandamoralespereira@hotmail.com