viernes, 25 de septiembre de 2015

Dioses de barro

Lo reconozco, estoy harta de egos superinflados en este mundillo del que algunos llaman “desarrollo personal”, y es que hay tantos supuestos “profesionales” que ni siquiera se atreven a vivir de ese don que tan estupendamente dicen desempeñar… Son gente que generalmente por las mañanas realizan un trabajo oficial con el que ganan un sueldo también oficial y que, por las tardes y fines de semana, obtienen cuantiosos beneficios mientras se dan golpes en el pecho y se aprovechan de la poca oficialidad que tienen este tipo de actividades.


 Conozco a más de uno y de dos y de tres, la verdad. Gente que crean dependencias en otras personas a través de la palabra o de los falsos abrazos y a la que “obligan” a realizar formaciones interminables que suponen cantidades indescriptibles y a los que deben jurar amor eterno porque de lo contrario te pueden clavar un puñal por la espalda en cualquier momento

Se mueve tanto dinero sin que ni siquiera te den un mísero recibo de formaciones que son abonadas religiosamente en función de las cantidades estipuladas por la cúpula de ese sistema piramidal. Gente que forman parte de una organización que les da poder a estos sujetos; gente, por no llamarlos gentuza, a los que desde luego no se les puede cuestionar en nada porque simplemente son dictadores en un espacio de poder que controlan y al que llegan a someter o a excluir cruelmente si se te ocurre opinar.

Y se unen en entidades que se vanaglorian de realizar un trabajo serio pero que desde luego no te van a dar una triste factura de las aportaciones que realices. Entidades que simplemente si se te ocurre tener una opinión diferente a la que establece el poder dominante, te expulsan de ese sistema anti-democrático y lo hacen de la peor manera que se puede imaginar: jugando con los sentimientos de las personas, haciéndolos sentir culpables y dejándolos aislados de los que antes se suponía que eran sus “casi hermanos”.

Un sistema sectario que a través de la manipulación que ejerce mientras que perteneces a ellos, llegan a inyectarte el miedo en vena, porque llega un momento en que estás dentro o estás fuera, porque lo único importante es el poder dominante y por tanto, la voz también dominante, que en muchos casos es nada más que la voz de Don Dinero.

En muchos casos siento una pena profunda cuando veo como se somete a los seguidores de cualquiera de estos dioses y sistemas de barro, personas que tienen egos tan inflados que parece que va a explotar en cualquier momento si te atreves a tocarlos. Y es que son tantas las personas que se someten al plan que marca los que dirigen el sistema, un sistema donde lo único importante es idolatrar a los dioses de estas organizaciones y donde tan sólo puedes levantar la voz para realizar halagos pero nunca para cuestionar o dudar ninguno de sus designios.

Algunas de estas organizaciones dicen fomentar el amor y la armonía entre los seres utilizando valores como son la solidaridad y el respeto a la diversidad, y que venden sus actividades haciendo publicidad de toda esa gran cantidad de principios que dicen poseer. Sin embargo, resulta que a nivel interno establecen mecanismos de control salvajes para evitar por todos los medios cualquier opinión disidente, mecanismos con los que generalmente logran impedir la libre expresión de lo que pueden llegar a considerar como herejes. Y es que por supuesto, repudian y “sugieren” que el resto de sus miembros también los hagan.

Estos dioses que justifican todo su poder al creerse poseedores de la verdad, consideran formar parte de formaciones exclusivas y por supuesto elitistas que se denominan a sí mismas como oficiales en un mercado en el que precisamente la oficialidad y en muchas ocasiones incluso la legalidad, brilla por su ausencia. Los seguidores de la doctrina que catalogan como oficial y que se atrincheran de cualquier manera para no perder la gallina de los huevos de oro, se vanaglorian de ser diferentes, de ser especiales y de que todo aquel que no esté dentro del sistema es una persona incapaz de acatar la ley que ellos mismos han establecido de manera totalmente dictatorial.

En estas organizaciones brillan por su ausencia principios básicos constitucionales como es la libertad de expresión, ya que hasta en sus estatutos se establece que si sus miembros opinan de alguna manera que no sea para alagar y engrandecer al propio sistema o a cualquiera de los dirigentes de sus sedes locales, serán directamente expulsados. Lo cierto es que es muy triste el carácter sectario que acaban desarrollando organizaciones con valores que terminan siendo humo con el que venderse, donde se restringe la expresión para que tan sólo se siga el culto al líder supremo y por supuesto al de los dirigentes de las diferentes sedes locales o autonómicas y que para colmo acaban controlando a sus miembros a través de la manipulación psicológica. Por no hablar de cómo restringen la libertad de movimiento de sus miembros sobre todo en la fase formativa, evidentemente por la perdida de dinero que le supone a los que gobiernan las diferentes sedes locales.

Tan sólo puedo aconsejarte que por favor no te dejes caer en las garras de estas entidades y que si en algún momento alguien quiere hacerte creer que eres un bicho raro por no seguir los designios divinos que establecen los dioses de barro de turno, no lo dudes ¡sal corriendo! Sí, sal corriendo, y por nada del mundo te dejes caer en ese control psicológico que tanto puede llegar a destruirte.

Defiende siempre tu libertad de ser y de expresarte, y si alguien quiere callarte ¡habla más alto o incluso grita! Nada ni nadie puede anular a ningún ser humano y mucho menos esos dioses y sistemas de barro que son avalados por entidades con comportamientos sectarios que tan dañinos pueden llegar a ser…

Yolanda Morales Pereira
Antropóloga social y cultural. Formadora en recursos personales, motivación y gestión del talento a través del Coaching, del Mindfulness y la Biodanza. Creadora de Bioexpresión®

yolandamoralespereira@hotmail.com